Elixires para el Alma

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La hermanita perdida de Atahualpa Yupanqui

De la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
en grandes olas azules
y encajes de espuma blanca,
te va llegando el saludo
permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero somos muchos millones
que te llamamos: hermana …
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Malvinas, tierra cautiva,
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda la Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras, clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Autor: Atahualpa Yupanqui

Romance de la luna, luna de Federico García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

-Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

-Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

-Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Autor: Federico García Lorca

Sangres opuestas de Juan Carlos Achiary

Las diversidades en conductas del humano
traducen incalculables diferencias
que en muchos casos llegan a ser oposiciones
sin la menor posibilidad de semejanzas
pues el proceder conocido por la gente
de unos es brillante y de otros negro opaco
porque los dos son como paridos por la sangre
que, tanto sea transparente o escabrosa,
es la que en cada instante nos fija los mandatos
del actuar inmoral o portarse en forma digna
y esta última es dueña del premio merecido.
¿y en qué se traduce lograr tal distinción?
Nada menos que en ganar el máximo respeto
del resto de la gente que, al contrario, se indigna
con los que de la ley y la ética se ríen.
Por ello feliz merece ser quien es honesto
sin importar la clase social de la que es parte
si pobres y ricos en sentencias de moral
son similares.

Autor: Juan Carlos Achiary

 

A callarse de Pablo Neruda

Ahora contaremos doce
y nos quedamos todos quietos.

Por una vez sobre la tierra
no hablemos en ningún idioma,
por un segundo detengámonos,
no movamos tanto los brazos.

Sería un minuto fragante,
sin prisa, sin locomotoras,
todos estaríamos juntos
en un inquietud instantánea.

Los pescadores del mar frío
no harían daño a las ballenas
y el trabajador de la sal
miraría sus manos rotas.

Los que preparan guerras verdes,
guerras de gas, guerras de fuego,
victorias sin sobrevivientes,
se pondrían un traje puro
y andarían con sus hermanos
por la sombra, sin hacer nada.

No se confunda lo que quiero
con la inacción definitiva:
la vida es sólo lo que se hace,
no quiero nada con la muerte.

Si no pudimos ser unánimes
moviendo tanto nuestras vidas,
tal vez no hacer nada una vez,
tal vez un gran silencio pueda
interrumpir esta tristeza,
este no entendernos jamás
y amenazarnos con la muerte,
tal vez la tierra nos enseñe
cuando todo parece muerto
y luego todo estaba vivo.

Ahora contaré hasta doce
y tú te callas y me voy.

Autor: Pablo Neruda

A ellos de Mario Benedetti

Se me han ido muriendo los amigos
se me han ido cayendo del abrazo
me he quedado sin ellos en el día
pero vuelven en uno que otro sueño

es una nueva forma de estar solo
de preguntar sin nadie que responda
queda el recurso de tomar un trago
sin apelar al brindis de los pobres

iré archivando cuerdos y recuerdos
si es posible en desorden alfabético
en aquel rostro evocaré tu temple
es ese otro el ancla de unos ojos

sobrevive el amor y por fortuna
a esa tentación no se la llevan
yo por las dudas toco la mismísima
madera/esa que dicen que nos salva

pero se van figurando los amigos
los buenos, los no tanto, los cabales
me he quedado con las manos vacías
esperando que alguien me convoque

sin embargo todos y cada uno
me han dejado un legado un regalito
un consuelo, un sermón, una chacota,
un reproche en capítulos, un premio

si pudiera saber dónde ríen,
donde lloran o cantan o hacen niebla
les haría llegar mis añoranzas
y una fuente con uvas y estos versos

Autor: Mario Benedetti

Besos de Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Autor: Gabriela Mistral

Susurro de un tronco viejo de Emilio L. Mazariegos

Cansado y solo estoy a la vera del camino,
quemado por un rayo, en aquella tarde de tormenta.
Y era hermoso mi árbol, que ya no es mío.

Cuando llegaba la primavera y las primeras lluvias,
me revestía de hojas verdes, puras y suaves,
y de flores blancas perfumadas de azahar.

Mis frutos fueron arrancados uno a uno, año tras año,
y me di sin reservas. Me di hasta dolerme y quedar solo.

Con mi sombra di descanso al peregrino
y abaniqué con mis ramas su cansancio y sudor.
Luego, me hicieron ,leña; cayó sobre mí la dura hacha.
He prendido lumbres en casas y he dado luz y calor.

Pero ahora, me dejaron, aquí, solo y viejo,
tirado en tierra olvidado como algo que ya no sirve.
Los vientos, las lluvias y los rayos del sol me acompañan.
De vez en cuando, hermano mío, siento que alguien
busca descanso en mi viejo tronco sin vida,
y siento como que renace en mí una flor.

¡Aún sirvo para algo, aún doy algo de mis venas secas!

El caminante se va sin decirme “gracias”,
y me quedo otra vez solo y a la espera de alguien.
Pero escucho el susurro de un soplo suave.

Es mi Diosito lindo; me dice: “Ánimo, mi viejo árbol,
no estás solo. Tus hojas, tus flores, tus frutos,
los guardo con cariño en el hueco de mis manos”.

Autor: Emilio L. Mazariegos

El pozo de Pablo Neruda

A veces te hundes, caes
en tu agujero de silencio,
en tu abismo de cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con jirones
de lo que hallaste
en la profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué encuentras
en tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas, rocas?
Qué ves con ojos ciegos,
rencorosa y herida?
Mi vida, no hallarás
en el pozo en que caes
lo que yo guardo para ti en la altura:
un ramo de jazmines con rocío,
un beso más profundo que tu abismo.
No me temas, no caigas
en tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte
y déjala que vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a herirme
sin que tú la dirijas
puesto que fue cargada con un instante duro
y ese instante será desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
si mi boca te hiere.
No soy un pastor dulce
como en los cuentos de hadas,
sino un buen leñador que comparte contigo
tierra, viento y espinas de los montes.
Ámame tú, sonríeme,
ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
no me hieras a mi porque te hieres.

Autor: Pablo Neruda

Practicante de Juan Carlos Achiary

Influido por poético deseo
camino con prudencia pluma en mano
y pruebo por mi mano y contramano
tan calmo como abuelo da un paseo.

Hago lento el avance porque leo
y releo cuidándome de un vano
error que me reinserte en el desgano
volviéndome al apático recreo.

Si escribo cada día decidido
para crear un grupo presidido
por el dúo del ritmo y la cadencia

es mucho más probable la victoria
igual que lo demás en la existencia
de lo cual es testigo fiel la historia.

Autor: Juan Carlos Achiary

Volver… de Caia Cantarelli

Cortó de raíz

su experiencia de vida.

Dejó vacante un lugar;

borró su huella de origen.

Ahogó grito y lágrima

antes y después

de partir,

buscando no desarraigar

también la utopía,

la esperanza.

Partió cargando reproches

para sí mismo,

por no ver lo evidente,

por haber hecho de un triunfo

un fracaso…

Cada día puso la cruz

de ser casi  intruso

en tierra ajena.

Estuvo sin estar

en su nuevo destino,

el alma quedó atrapada

en la ciudad, las calles,

la casa, un país…

Intentó nuevos caminos,

palpó el alma de otros

sin encontrar nada,

salvo la canción del regreso

en cada esquina…

Se cansó de ser atardecer

casi infinito,

sin un amanecer .

Tarde realizó

que la raíz es única,

insustituíble,

no admite transplante

y que se es parte viva

de la calle empedrada

que lo vió nacer.

Se plegó en sí mismo,

buscando un destino.

Puso en la valija,

vida, raíz, tantas preguntas!

todas las dudas.

Así casi sin adioses,

sabiendo que ya no hay cielo,

ni estrellas ni amores;

dejó atrás el presente,

abrazó a su quimera;

un paso tras otro

carreteó la pista

del regreso

silvando bajito el tango “Volver”…

 

 

Autora: Caia Cantarelli

12/03/2010