Elixires para el Alma

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Aprendizaje de Marielena Rondinel

Debemos aprender que contamos con nuestra fuerza,
que el tiempo avanza, no se inmuta por los problemas,
que la verdad es necesaria aunque a veces duela,
que es mejor abrir los ojos aunque el sol nos hiera.

Debemos reflexionar que la vida es demasiado corta,
que el amor nunca se exige, mendiga, ni compra,
debemos empezar a ser personas totalmente nuevas,
entregar con cuidado el corazón a quien lo merece.

Debemos saber que el sufrimiento es aprendizaje,
que acumular riquezas materiales no conduce a nada,
debemos recordar que hoy estamos, mañana quién sabe,
que demostrar cariño es sembrar sonrisas y flores.

Debemos romper con las cadenas que nos oprimen
con esa esclavitud insana denominada egoismo,
debemos saber que no resolvemos nada huyendo,
que en un momento podemos cambiar nuestro futuro.

Debemos confiar que la felicidad es posible
si luchamos cada instante sin bajar los brazos,
que es de humanos errar pero también enmendarse,
que Dios está presente bendiciendo nuestros pasos.

Autora: ©Marielena Rondinel

Allí estaré de Mateo Allende

Si se esconde el sol
en tu cielo
y tu alma se pone gris…
Sólo llámame: Allí estaré
Si oscuras nubes invaden tu ánimo
Y una lágrima
empaña tu mirar,
si una duda hace
un nudo en tu garganta
o una pena no te deja sonreír,
no lo dudes un instante,
sólo llámame,
Que en el tiempo que demora un ave
en remontar su vuelo…
Allí estaré.

Me atrae y enclava de Juan Carlos Achiary

Imán y Estaca

Ya eres mi imán y estaca inevitable,
me atrae tu pensamiento aunque lo ignoro
habiéndolo querido yo o no pero a salvarme
del descenso en que me hundo por tu ausencia.
No es fácil pretextar indiferencias
y menos al sentirse lo contrario,
es como congénita tu eterna interferencia
que me evita ser un mero calendario.
Pero no por ello agites a tu alma
ni me digas que debo no pensarte
pues ahora he logrado estar en calma
y escribir porque así logro inspirarme.

 

Autor: Juan Carlos Achiary

Como el toro he nacido para el luto… de Miguel Hernández

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

 

Autor: Miguel Hernández

De “El rayo que no cesa” 1935

Nocturno de Gabriela Mistral

¡Padre nuestro, que estás en los cielos!
¿Por qué te has olvidado de mí?
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!
Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aún no quieres mi pecho oprimir!

Caminando, vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí.
y he bajado amarillos mis párpados
por no ver más enero ni abril.

Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has querido la nube de otoño
y quieres volverte hacia mí!

Me vendió el que besó mi mejilla,
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di.
Y en mi noche del Huerto me han sido
Juan cobarde y el Angel hostil.

Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin;
el cansancio del día que muere,
y del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!

Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas, pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido de tí:
¡Padre nuestro, que estás en los cielos!
¿Por qué te has olvidado de mí?
Autora: Gabriela Mistral

A Juan Ramón Jiménez de Antonio Machado

Por su libro Arias tristes.

Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera…»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.

Autor: Antonio Machado

De la mujer al hombre de Gioconda Belli


Dios te hizo hombre para mí.
Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.
Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras
Mi mente esta covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Autora: Gioconda Belli


Casi alba de Julia de Burgos


Casi alba,
como decir arroyo entre la fuente,
como decir estrella,
como decir paloma en cielo de alas.

Esta noche se ha ido
casi aurora, casi ronda de luna entre montañas,
como una sensación de golondrina
al picar su ilusión en una rama.

Amanecer, sin alas para huirse,
regreso de emoción hasta su alma,
palomitas de amor entre mis manos
que al asalto de amor subieron castas.

Noche rasgada al tiempo repetido,
detenida ciudad de esencias altas,
como una claridad rompes mi espíritu,
circundas mi emoción como una jaula.

Amor callado y lejos…
tímida vocecita de una dalia,
así te quiero, íntimo,
sin saberte las puertas al mañana,
casi sonrisa abierta entre las risas,
entre juego de luces, casi alba…

Autora: Julia de Burgos


Cuerpos infinitos de Caia Cantarelli


Hubo un cuerpo amado
y deseado…
que junto al mío conoció,
luces, penumbras
y sombras.
Un calidoscopio erótico
que el amor dotó
de fuerza, raíces cual lianas
atando y desatándonos…
Todo se trasvasaba
con perfecta sincronización,
nada nos negábamos,
siempre había algo más
que provocaba un darse
lánguido y urgido
a la vez..
Quizás hay quién recuerde
un cuerpo, visto y amado
por años…
Yo recuerdo y vivo el tuyo,
por haberlo leído
palmo a palmo
con mis manos y mi piel.
Y leí tan profundo
aquél mensaje que no diste
a otra mujer…
que sigue escrito en mí.
En ese universo al que
solo acceden los que aman,
tu cuerpo y el mío
ya son infinitos…

Milonga del peón de campo de Atahualpa Yupanqui

Yo nunca tuve tropilla,
siempre montao en ajeno.
Tuve un zaino que, de bueno,
ni pisaba la gravilla.
Vivo una vida sencilla,
como es la del pobre peón.
Madrugón tras madrugón
con lluvia, escarcha o pampero.
A veces me duelen, fieros,
los hígados y el riñón.

Soy peón de la Estancia Vieja,
-partido de Magdalena-
y aunque no valga la pena
anote que no son quejas.
Un portón lleno de rejas
y allá en el fondo, un chalé.
Lo recibirá un valet
que anda siempre disfrazao,
mas no se asuste, cuñao,
y por mí pregúntele.

Ni se le ocurra decir
que viene pa visitarme
diga que viene a cobrarme
y lo han de dejar pasar.
Allí le van a mostrar
que siga los eucaliptos.
Al final verá un ranchito
que han levantao estas manos
¡Esa es su casa, paisano!
¡Ahí puede pegar el grito!

Allí le voy a enseñar
mis mancarromidos perros,
unas espuelas de fierro
y un montón de cosas más.
Si es entendido, verá
ponchos de fina trama
y el retrato de mi mama,
que es donde rezo,pensando
mientras lo voy adornando
con florcitas de retama.

¿Qué puede ofertarle un peón
que no sean sus pobrezas?
A veces me entra tristeza,
y otras veces rebelión.
En más de alguna ocasión
quisiera hacerme perdiz,
para ver de ser feliz
en algún pago lejano.
Pero a la verdad, paisano,
me gusta el aire de aquí…

Autor: Atahualpa Yupanqui