Elixires para el Alma

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A una Lágrima de José Ángel Buesa

Gota del mar donde en naufragio lento
se hunde el navío negro de una pena;
gota que, rebosando, nubla y llena
los ojos olvidados del contento.
de saber que si llega a un alma ajena,
ésta, sin escucharlo, le condena
por vergonzoso heraldo del tormento.
Piedad para esa gota, que es cual llama
de la que el corazón se desahoga
cual desahoga espinas una rama.
Piedad para la lágrima que azoga
el dolor, pues si así no se derrama,
el alma, en esa lágrima se ahoga…

Autor: José Ángel Buesa

Arte poética de José Ángel Buesa

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que más vive, siempre es la mas vivida.
Un mal verso supera la más perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.

Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.

Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, sé diverso,
pues sólo así tu mente revivirá en tu verso.
Autor: José Ángel Buesa

Lluvia final de José Ángel Buesa

Mañana será nunca para todos los días.
Y lloverá en un sueño, sin lluvia y sin soñar.
Y yo iré alguna noche por las calles vacías,
mientras tú vas con otro por la orilla del mar.

Ya casi estás ausente. Qué importa este momento,
aunque llueve en la tarde, para tí y para mí;
porque las hojas secas que se van en el viento
nos dicen que hay amores que se fueron así…

Mañana estaré solo. Dios no querrá que llueva,
porque estaré más solo si llueve y tú no estás.
Después, serás el nudo de una corbata nueva,
o una esquina de menos o una cana de más.

Así será. Qué importa si lo callo o lo digo.
Pero cuando no llueva, lloverá en mi canción.
Y, al pensar que mañana ya no estarás conmigo,
van cayendo hojas secas sobre mi corazón…
nadie sabe tampoco lo que dura el amor.
Autor: José Ángel Buesa

Carta de amor de José Ángel Buesa

 
Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre,
recordando los besos que te dí y no te dí,
y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre
que ni siquiera se parece a mí.
O puede suceder, quién sabe cuándo,
que irás entre el gentío de una calle cualquiera,
y yo sé de qué modo se le quedan mirando
a una mujer bonita que pasa por la acera.
Sí, tal vez siento celos, celos tristes,
celos de no estar juntos, celos de no sé quién;
celos de por qué sales y de cómo te vistes,
que no quieren ser celos y son celos también.

Y de repente no te siento mía,
o estás como más lejos de repente,
y tengo la tristeza de una casa sombría
donde aún sopla el perfume de una mujer ausente.

Afuera está la tarde, con su gris infinito;
afuera está la lluvia, calladamente cruel,
y quisiera decirte cómo te necesito…
pero se me emborrona la tinta en el papel…!

Autor: José Ángel Buesa

Recapitulación de José Ángel Buesa

Yo he vivido mi vida: Si fue larga o fue corta,
Si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa.
Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero,
Si el amor o la muerte, lo que pase primero.

Algo tuve algún día; lo perdí de algún modo,
Y me dará lo mismo cuando lo pierda todo.
Pero no me lamento de mi mala fortuna,
Pues me queda un palacio de cristal en la Luna,
Y por andar errante, por vivir el momento,
Son tan buenos amigos mi corazón y el viento.

Por eso y otras me deja indiferente,
Aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente.
¿Trampas? Pues sí, hice algunas;
Pero, mal jugador, yo perdí más que nadie
Con mis trampas de amor.

¿Pecados? Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona,
Porque, a pesar de todo, Dios no es mala persona.
¿Mentiras? Dije muchas, y de bello artificio,
Pero que en un poeta son cosas del oficio.
Y en los casos dudosos, si hice bien o mal,
Ya arreglaremos cuentas en el Juicio Final.

Eso es todo. He vivido.
La vida que me queda puede tener dos caras,
Igual que una moneda: una que es de oro puro
La cara del pasado y otra la del presente
Que es de plomo dorado.

Por lo demás, ya es tarde; pero no tengo prisa,
Y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa,
Y seguiré viviendo de la misma manera,
Que es vivir cada instante como una vida entera,
Mientras siguen andando, de un modo parecido,
Los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.

Autor: José Ángel Buesa

Así, verte de lejos de José Ángel Buesa

Así, verte de lejos, definitivamente.
Tu vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y sí que como el agua que brota de una fuente
aquellos bellos días ya no pueden volver.

Así, verte de lejos y pasar sonriente,
como quien ya no siente lo que sentía ayer,
y lograr que mi rostro se quede indiferente
y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
ni con una sonrisa, ni con una mirada,
y que nunca sospeches cuanto te quiero, así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
la noche entera es corta para soñar contigo
y todo el día es poco para pensar en ti.

Autor: José Ángel Buesa 

Poema de la culpa de José Angel Buesa

Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría…
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío:
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa…
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor… ¡ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me distes los ojos para mirarla a ella.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!
Autor: José Angel Buesa 

El gran amor de José Ángel Buesa

Un gran amor, un gran amor lejano
es algo así como la enredadera
que no quisiera florecer en vano
y sigue floreciendo aunque no quiera.
Un gran amor se nos acaba un día
y es tristemente igual a un pozo seco,
pues ya no tiene el agua que tenía
pero le queda todavía el eco.
Y, en ese gran amor, aquel que ama
compartirá el destino de la hoguera,
que lo consume todo con su llama
porque no sabe arder de otra manera.
Autor: José Ángel Buesa

Mi corazón de siente satisfecho de José Ángel Buesa

 

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído:
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.
Jamás te vi desnuda sobre el lecho,
ni oí tu voz muriéndose en mi oído:
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.
Cuanto el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.
Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

Autor: José Ángel Buesa

Domingo Triste de José Angel Buesa

Este domingo triste pienso en ti dulcemente
y mi vieja mentira de olvido ya no miente.
La soledad a veces es peor castigo,
ah, ¡pero qué alegre todo si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises
formando extraños mapas de imposibles países
y el monótono ruido del agua no sería
el motivo secreto de mi melancolía.

Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
mientras corren las aguas por la calle en declive
y el corazón se muere de un ensueño que vive.

La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo,
y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenuo impudor de una niña desnuda.

Si estuvieras conmigo, amor que no volviste.
Oh, ¡que alegre me sería este domingo triste!!!

Autor: José Angel Buesa

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