Elixires para el Alma

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Milonga del peón de campo de Atahualpa Yupanqui

Yo nunca tuve tropilla,
siempre montao en ajeno.
Tuve un zaino que, de bueno,
ni pisaba la gravilla.
Vivo una vida sencilla,
como es la del pobre peón.
Madrugón tras madrugón
con lluvia, escarcha o pampero.
A veces me duelen, fieros,
los hígados y el riñón.

Soy peón de la Estancia Vieja,
-partido de Magdalena-
y aunque no valga la pena
anote que no son quejas.
Un portón lleno de rejas
y allá en el fondo, un chalé.
Lo recibirá un valet
que anda siempre disfrazao,
mas no se asuste, cuñao,
y por mí pregúntele.

Ni se le ocurra decir
que viene pa visitarme
diga que viene a cobrarme
y lo han de dejar pasar.
Allí le van a mostrar
que siga los eucaliptos.
Al final verá un ranchito
que han levantao estas manos
¡Esa es su casa, paisano!
¡Ahí puede pegar el grito!

Allí le voy a enseñar
mis mancarromidos perros,
unas espuelas de fierro
y un montón de cosas más.
Si es entendido, verá
ponchos de fina trama
y el retrato de mi mama,
que es donde rezo,pensando
mientras lo voy adornando
con florcitas de retama.

¿Qué puede ofertarle un peón
que no sean sus pobrezas?
A veces me entra tristeza,
y otras veces rebelión.
En más de alguna ocasión
quisiera hacerme perdiz,
para ver de ser feliz
en algún pago lejano.
Pero a la verdad, paisano,
me gusta el aire de aquí…

Autor: Atahualpa Yupanqui 

La hermanita perdida de Atahualpa Yupanqui

De la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
en grandes olas azules
y encajes de espuma blanca,
te va llegando el saludo
permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero somos muchos millones
que te llamamos: hermana …
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Malvinas, tierra cautiva,
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda la Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras, clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Autor: Atahualpa Yupanqui

La zamba de Atahualpa Yupanqui

Una música en la noche
y en el aire una esperanza.
La zamba juega su juego,
ronda de amor sin palabra.

¿De dónde viene ese canto
brillando mieles tempranas?
Perdidas quenas lo lloran,
criollas guitarras lo cantan.

Para que el viento la bese
la tierra se ha vuelto zamba.
Pollera de selva y fuego,
y bata azul de montaña.

La nube se hizo pañuelo.
El aire se pobló de arpas.
Cada flor es una copla
que va aromando la danza.

Por sendas de soles muertos
van bajando las majadas.
Por cauces de piedra y sueño
el río es canto que pasa.

La noche se hace más honda.
La estrella se hace más alta.
¡Y allá se llevan los vientos
todo el paisaje hecho zamba!

Atahualpa Yupanqui,
del libro Aires indios

Pircas de Atahualpa Yupanqui

Rancho de pircas menudas
en mitad de la quebrada.
Alero mirando al norte
como quinchao de esperanza.

De pirca son los corrales,
piedras plomizas y blancas.
Solitas, nada parecen,
pero juntas, ¡cuánto aguantan…!

De pirca, las apachetas,
altares de la montaña
donde dejan su promesa
los que sufren y los que andan…

¡Así quisiera tener un rancho
de pircas blancas,
para quincharlo de amores
y aromarlo de esperanzas…¡

Para juntarnos en él,
con mi chango y mi serrana,
uniditos como pircas
en mitad de la quebrada…

¡Qué bien se siente la vida
con esta juerza en el alma…!

Atahualpa Yupanqui, del libro
Piedra sola – Poemas del cerro